Ser marketero no es sinónimo de charlatán

By Lina Echeverri | @linaec

El posicionamiento del marketing en las empresas no ha sido sencillo desde sus orígenes, especialmente desde finales del siglo pasado. Todavía encuentro en las organizaciones grandes confusiones al respecto. En primer lugar el marketing no es ventas y menos publicidad. Tampoco es el área de diagramación de piezas publicitarias. El marketing no es promoción. Mucho menos puede verse como el rubro de gasto o costo en el plan financiero.

El marketing es todo lo que agrega valor a una persona, a una organización, a un producto o a un país!

Pero, de dónde vienen todas estas apreciaciones que destruyen la imagen percibida hacia el marketing? Me atrevo a afirmar que de los charlatanes. La charlatanería ha sido una enfermedad que no hemos logrado curar en algunos profesionales. Alimentada por el oportunismo y la ausencia de fundamento, el charlatán ha creado una posición errónea del marketing en las empresas.

Impresiona encontrar este espécimen profesional en personas adultas. Al parecer los años y la vida solo han sido un paisaje que no logra motivarlos a reflexionar sobre la trascendencia que pueden dar en la jóvenes generaciones. Escondidos detrás de su escritorio o exponiendo en una tarima, con un lenguaje construido a base de clichés, alardeando de posiciones importantes del pasado (ojo! no hablan de logros relevantes!) y con una habilidad de encantar con una falsa simpatía, el charlatán sobrevive por su competencia de confundir a un grupo de ingenuos que poco o nada saben sobre marketing. Frente a esta turbia realidad, no se logra hacer mucho, porque el charlatán hoy es jefe o influenciador de los millennials y esconde su inseguridad detrás de la fachada de la experiencia.

La experiencia no puede confundirnos, debemos darle mayor valor a los resultados del aprendizaje y no a la sumatoria de vivencias.

Confiemos que los millennials expongan más estructura, más argumentos y aporten grandes reflexiones al campo del marketing. Esperemos que en los próximos años se minimice la charlatanería, porque la única vacuna para erradicarla tiene tres componentes: la humildad, la educación y la madurez intelectual.

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