Un branding por favor

By Lina Echeverri | @linaec

Me sorprende cuántas marcas resisten la pasividad de quien las lidera. Estoy convencida que quien es responsable por la gerencia de la marca debe ser una figura pública, mediática en su buen saber y con una reputación impecable en el campo en que se desempeña la empresa. A veces encuentro profesionales perdidos por su inexperiencia y por la falta de honestidad en su deseo de liderar una marca.

Una marca se construye sobre tres pilares: relevancia, compromiso y reputación. Una marca tiene una historia que para algunos es irrelevante y cuando llegan a administrarla por primera vez aparecen como los “salvadores” de la marca y aún más convencidos creen que son los mesías de la compañía.

La inseguridad disfrazada de arrogancia han motivado que la soberbia llegue a las marcas. El poder de una marca está en la reputación creada, pero también en el esfuerzo que hay detrás de ella, más allá de un posicionamiento ambiguo existe un profundo conocimiento de la estrategia de quien la lideró en el pasado y que ahora es considerado obsoleto. Con el branding no se juega.

El branding es la estrategia que nos conecta con nuestras audiencias. Nos conecta desde las emociones, pero a su vez porque nos ayuda a entender el mercado ofreciendo una propuesta de valor que supera las especificaciones propias de un producto. Necesitamos que los gerentes de las empresas sean gerentes de branding o Brand manager. Que escuchen las voz del mercado, que sean diplomáticos al atender a su cliente y que la propuesta de valor coincida con la promesa de valor de la marca.

Estoy convencida que la figura de un gerente de marca es fundamental en el crecimiento y desarrollo de la misma. Sin embargo hay marcas que resisten la mediocridad de su propio gerente. Me pregunto si los clientes lo identifican parcialmente. Creo que si. Detrás de una marca hay un grupo de personas. Personas que tienen contacto con clientes. Clientes que hablan de sus marcas.

El branding no le pertenece a las marcas le pertenece a la relación que se construye con el cliente. Es un vínculo, una experiencia, y una manera de cambiar la vida de las personas. No para tener fans, sino para tener clientes comprometidos con nuestra causa. Una causa que procure el bienestar social sin impactar la rentabilidad de la empresa. Necesitamos un branding humanizado, un branding por favor para reconciliar las marcas con el cliente, con sus colaboradores y con la sociedad.

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10 habilidades que hacen atractivo a un CMO en su paso a CEO

By Lina Echeverri | @linaec

Muchos profesionales en su deseo de ganar experiencia y hacer carrera en una empresa, eligen el marketing porque encuentran una disciplina apasionante y que integra una visión holística de los negocios y los mercados. Sin embargo, se ven en una encrucijada cuando eligen un posgrado o deciden aceptar un cargo, porque sienten que si su deseo es liderar una empresa, permanecer en un campo de conocimiento específico o en un área funcional puede reducir las posibilidades de crecimiento. Lo anterior es un mito gigante. Para llegar a la dirección de una empresa no hay una lista de pasos a seguir, y menos titulaciones que lo garanticen. Ser CEO (Chief Executive Officer) exige cumplir un conjunto de habilidades blandas que si lo analizamos de fondo coincide con el perfil de un CMO (Chief Marketing Officer).

En un informe presentado por Harvard Business Review (2016) sobre el desempeño de los CEOs se determina que este es un momento difícil para ser CEO, por el entorno político y económico que estamos viviendo. Sin embargo, reconoce que los CEOs que presentaron mejor desempeño en el 2016 coincidían en las siguientes cualidades:

  • Han permanecido en promedio 17 años en sus empresas
  • Se han convertido en CEO a los 44 años
  • Tienen maestría
  • Tienen una visión corporativa de largo plazo (15 a 20 años)
  • No le temen al fracaso, asumen las penalidades que impliquen sus decisiones
  • Apelan a las emociones de sus colaboradores para ayudar a crear un entorno en el que se destaque la innovación
  • No le temen a la presión de los inversionistas en el corto plazo

El rol del CEO no ha pasado de moda. Sigue tan vigente como las propias compañías. Si debemos reconocer que se ha transformado, es más abierto en el tipo de cualidades que se requieren, y es en los CMO donde se encuentra una fuente de habilidades que complementan efectivamente el rol del CEO.

La firma especializada Spencer Stuart (2015) nos comparte cómo un CMO puede llegar a ser CEO a través de las siguientes recomendaciones. Recomendaciones que complemento basada en mi experiencia:

  1. Cada oportunidad profesional debe ser una espacio para ampliar y mejorar habilidades.
  2. Adquiera experiencias en gestión empresarial y áreas funcionales como finanzas y logística.
  3. Participe en actividades propias de la gerencia, involúcrese con otras áreas así no tenga conocimientos. Con actitud de aprender no de criticar.
  4. Desarrolle habilidades en ventas y negociación; también efectúe acciones para construir una credibilidad comercial.
  5. Desarrolle relaciones de trabajo con otras áreas funcionales, integre no margine.
  6. Apropie conocimientos en análisis financiero y presupuestos.
  7. Coloque al marketing como un escenario creador y controlador de valor de la empresa.
  8. Asuma un rol de líder positivo  y adapativo (prepárese para ser CEO).
  9. Encuentre un mentor que lo prepare y lo evalúe permanentemente. No le tema al feedback profesional.
  10. Sea diplomático en sus relaciones profesionales, construya un buen networking.

De lo anterior, los CMO son profesionales optimistas y generadores de grandes ideas que transforman las empresas. Su rol llama hoy la atención por el potencial que demuestran en su desempeño. Son ideales para ocupar el rol del CEO en la empresa porque son pensadores, estrategas y tienen amplia experiencia en adaptarse a entornos turbulentos. Y no podemos olvidar, la tecnología es un aliado. Abstenerse del entorno tecnológico es permanecer en el paleolítico. Las empresas sin importar el sector al que permanezcan se merecen CEOs que le dan prioridad a la tecnología, especialmente a la tecnología aplicada a la función de marketing.

 

 

 

El narcisismo digital

By Lina Echeverri | @linaec

En el entorno digital la vanidad dejó de ser una simple manifestación de la soberbia para convertirse en una característica muy valorada por los jóvenes y los adultos. El movimiento “selfie” es una expresión de grandes necesidades del ser humano. Una fotografía hoy no expone un momento, se orienta a comunicar más de lo que somos, lo que hacemos y cómo queremos posicionarnos. Sin embargo, es solo una fotografía, no puede ser evidencia de nuestras realidades, frustraciones y relaciones.

Hay un excesivo narcisismo digital, en un espacio donde se mezcla la soledad y la compañía. Se confunde el “compartir logros” con el exceso de información sobre nuestra intimidad y la necesidad de alimentar el ego. Desaparecen los encuentros personales, hasta las llamadas telefónicas, porque las redes sociales o un mensaje en WhatsApp nos ahorra tiempo y nos informa de lo necesario. Esta distancia de contacto personal está siendo sustituida por el aumento de expresiones de apoyo a través de las emociones.

El entorno digital nos limitó las emociones. Facebook es una de las redes más generosas (lo digo con ironía) porque ha ampliado el tipo de emociones, ya ofrece seis: me gusta, me encanta, me divierte, me asombra, me entristece y me enoja. Y eventualmente se agradece allí. Cuánta generosidad (sigo con la ironía) nos ha llevado a una dependencia emocional. Cada vez más crecen las necesidades de autoestima y reafirmación social. No basta con obtener un logro o cumplir una meta, ahora cobra relevancia lo que piensan los demás y las emociones que expresan en el entorno digital. Es más importante para nuestro ego un volumen de likes que el mismo reconocimiento; aún más que el mismo esfuerzo para alcanzar ese logro.

La vanidad y el egocentrismo han existido siempre, sino que se exponen más en el entorno digital. Lo más delicado aún es cómo el concepto de felicidad se define por el volumen de expresiones exageradamente optimistas sobre lo que piensas y haces. La felicidad es un conjunto de momentos no es permanente. No hay que buscarla, hay que sentirla.

El concepto de intimidad también se transforma, y me atrevo a afirmar que desaparece. Facebook es el álbum familiar, Instagram el álbum de los viajes, Pinterest es donde coleccionamos preferencias, Twitter es el resumen de noticias del día y LinkedIn es nuestra hoja de vida digital. ¿Y dónde quedó la presencialidad? No necesitamos comunicarnos con los otros, porque ya sabemos lo que están haciendo. Perdimos contacto personal, perdimos los gestos, las reacciones, la amplitud de emociones que se expresan en diferentes momentos.

El narcisismo digital nos ha vuelto ausentes de nuestra propia vida y de las experiencias más importantes en la vida de los demás. Alimentar el ego es un abismo para la madurez intelectual. Desaparece una cualidad tan importante como lo es la humildad. Dejamos de pensar en nuestro proyecto de vida por centrarnos en ejercer influencias digitales. No miramos el futuro como escenario de crecimiento, porque la vanidad nos enceguece en centrarnos en un presente. La arrogancia en el mundo online ha creado una sociedad de divas y gurús que creen ser el centro del conocimiento. Y lo más delicado, se rodean de zombis, personas no pensantes y muy influenciables, seguidores que no aportan.

No podemos marginarnos. El entorno digital debe ser un espacio para crear vínculos y redes, donde la humildad y la solidaridad sean más valorados, pero a su vez el contacto personal permanezca y no se circunscriba a un mensaje de texto.

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La intimidad de una marca

By Lina Echeverri | @linaec

Las dinámicas y tendencias del consumo cada día establecen que es necesario el posicionamiento de marcas y productos en el mercado. Los mercados actuales se caracterizan por una gran diversidad de modelos de negocios, una amplia variedad en la oferta de marketing y una alta complejidad de consumidores cada vez más globales. Lo anterior, permite reconocer que el papel de la marca trasciende el rol funcional que cumple el producto.

Las empresas requieren de nuevas estrategias de marketing que permitan conectarse con su mercado objetivo. La marca es una estrategia de concertación entre el valor de la marca y la emoción de los compradores teniendo como sustento el impacto positivo a la sociedad. Es una estrategia fundamentada en la construcción de relaciones con clientes importantes.

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El concepto de marca ha evolucionado rápidamente en los últimos cincuenta años. Inicialmente la marca era considerada como un símbolo que identificaba un producto. La marca era concebida como un nombre, una promesa, un logo o un empaque. Ahora el concepto incluye el desarrollo creativo de la construcción de una identidad muy diferente a una representación gráfica.

Las marcas tienen cualidades físicas y emocionales que las hace diferente y plenamente reconocibles en el mercado objetivo. La marca no identifica un producto, la marca ahora es un enlace emocional con el comprador. Se ha convertido ante la dinámica del mercado y las tendencias de consumo en un factor altamente influyen en la decisión de compra. La marca crea conciencia y reputación en el mercado.

El propósito de la marca es generar diferenciación e identidad y que estos dos atributos generen un valor extraordinario hacia el comprador de tal manera que motive la compra o cautive su atención.

La marca es más que una identidad, es un activo de la identidad que tiene una empresa en un mercado específico. Es una idea que vive en la cabeza de quienes ejercen la compra. Por tal motivo el gran desafío de los productos en un entorno competitivo es el de lograr que los consumidores los recuerden y los prefieran sobre los demás y para lograrlo lo primero que se debe hacer es consolidar una identidad de marca. Identidad que se va moldeando y a la cual se le imprime una propuesta de valor que permita superar las expectativas de los compradores.

Una marca reside en la mente de los consumidores, hace parte de su cotidianidad e influye en sus percepciones. 

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La adultez una etapa fuera del radar del marketing

By Lina Echeverri | @linaec

La sociedad y los avances de la tecnología nos invitan a vivir más el presente y no a prepararnos para el futuro. Cada vez el futuro es más incierto y se transforma cada minuto. Sin embargo, el presente cobra relevancia en nuestros días, poniendo como prioridad que debemos construir nuestra vida más sobre los momentos que vivimos que sobre los momentos que llegarán. No me opongo a esa premisa, pero si me genera grandes inquietudes.

Como una simple observadora, encuentro en la edad adulta un escenario con grandes incertidumbres sobre el futuro y con una necesidad inminente por reinventarse. Para el marketing, los 40 son los nuevos 30. Una etapa bastante productiva y con una madurez intelectual envidiable por otras generaciones. Sin embargo, me atrevo a decir que esto no siempre es cierto. Los 40 (incluyendo los 50) son una segunda adolescencia. Una etapa de descubrimiento interior en la que se mira el pasado sin perder detalle y donde se cuestiona todo, incluida la experiencia. Es una etapa donde el perfeccionismo es implacable y donde reinventarse ya no es una opción.

Algunos adultos hoy renuncian a cargos de alta dirección para vivir el emprendimiento. Se desprenden de las comodidades empresariales para asumir riesgos que afectarán su entorno familiar y personal. Son decididos, exigentes con ellos mismos y le dan gran valor al aprendizaje sustentado en la experiencia. Aunque hay momentos de inestabilidad emocional heredados por esta segunda adolescencia porque no se tiene conocimiento claro sobre lo que se quiere. Y más grave aún es que ante la ausencia de tiempo para meditar, el adulto le da prioridad a la productividad profesional y no en la misma proporción a su yo interior.

No olvidemos a los adultos que son empleados y que cada día tienen un reto inedudible: ser más innovadores que las nuevas generaciones. Encuentro adultos que vencen sus temores y se adaptan a estos nuevos caminos. Pero por otro lado encuentro otros adultos que esperan con ansiedad su pensión y que están muy desactualizados por el uso de la tecnología. Algunos prefieren mantenerse en su zona de confort, porque la confunden con una especie de lealtad a sus superiores. En este punto debo decir que la lealtad no es hacia las empresas sino hacia uno mismo y eso se verá reflejado en el desempeño siempre y cuando se compartan los mismos valores.

La sociedad espera que el adulto de hoy actúe como el adulto del pasado. Es por esta razón que deberíamos exigirle al marketing que piense en los adultos de hoy y no del ayer. Porque los millennials y centennials serán adultos muy pronto. Porque los adultos de ahora demandan más atención y hay que involucrarlos en los procesos de innovación.

La innovación no es exclusiva de los jóvenes. No es suficiente con traer productos del pasado al presente de manera temporal como el caso NES Classic Edition. Aquí algún millennial de Nintendo nos hace sentir la vejez más cerca, solo con el término “Classic” y el mensaje de “un viaje al pasado más retro”. Hay que articular el pasado con la innovación en el presente. Es darle perdurabilidad a la relación del cliente adulto con el marketing.

Como profesora de marketing siempre le digo a mis alumnos que el marketing discrimina. Antes discriminaba a los adultos mayores y ahora lo hace con los adultos. Ya van dos etapas del ciclo de la vida que demandan atención por parte del marketing y que la forma de conectar no puede ser sólo con la nostalgia.

La generación del caos

By Lina Echeverri | @linaec

La segmentación nos ha dado grandes lecciones al marketing. Sin embargo, la aproximación al conocimiento del cliente cada vez es más compleja y poco perdurable. Se invierte tiempo y dinero para acercarnos al entendimiento de la mente del cliente y con sensatez reconocemos que el cliente es completamente impredecible. Quedaron atrás las generaciones de clientes que demandaban bienes y servicios por generaciones que demandan experiencias e inmediatez. Pasamos de clientes exigentes a clientes tiranos y soberbios con una insatisfacción permanente que ni ellos mismos logran comprender y defender.

La tecnología invasiva, la saturación comercial y la presión por la productividad contrastan con la necesidad emergente de humanizarnos. Hoy nuestra sociedad es parte de lo que denomino la generación del caos.  Una generación que no está determinada por la edad o la personalidad sino por las momentos de la vida. Momentos que hemos vivido, momentos a los que nos estamos enfrentando y para lo cuales no estamos preparados. La insatisfacción presente no solo en los procesos de compra se evidencia cada vez más en la cotidianidad del cliente.

Si vemos al cliente como persona, nos enfrentamos a individuos que se aburren con facilidad de su trabajo, que sus ambiciones son confusas y que su insatisfacción se magnifica porque no logran entenderse interiormente. Es la insatisfacción personal la principal característica de la generación del caos. Los profesionales hoy quieren crecer en sus empresas, pero éstas poco o nada valoran el esfuerzo y por el contrario los presionan con las poderosas variables de “productividad a bajo costo”. Sumado a la presión social que está incentivando la creación de “marcas personales” fácilmente confundibles con el protagonismo social y digital. La marca personal se construye con naturalidad no con exhibicionismo o con un número determinado de seguidores.

La frustración profesional es otra característica de la generación del caos. Las envidias entre colegas, la presión por ser “competitivo”, la urgencia de dinero, la burocracia empresarial y el rol de un jefe mediocre suman al perfil de la generación del caos. Una generación a la que pertenecen nuestros clientes y hasta nosotros mismos. Pero no todo es negativo para la generación del caos. Las personas hoy son más honestas consigo mismas y tienen claro que el riesgo de cualquier decisión generará nuevas decisiones que están dispuestas a enfrentar. Están valorando su proyecto de vida sobre lo mundano. Prefieren buscar la felicidad en un empleo que les ofrezca reconocimiento y los impulse en su carrera profesional sin importar su ingreso. Privilegian una vida fundamentada en la sencillez. No se comprometen con empresas sino con proyectos. Y algunos han aprendido que el arma más poderosa es la “adaptación” a ese caos. Un caos que pueda minimizarse y que les dé total libertad para construir un nuevo camino para su vida profesional y aún más importante para su vida personal.

Solo quienes se adapten al caos lograrán salir. Aclaro, la adaptación no es resignación. Es tomar decisiones arriesgadas, conectarnos con el colectivo sin dejar de pensar en nosotros mismos y vencer temores del pasado. Así que bienvenida aquella generación del caos que demanda desafíos, que aprende en colaboración con otros y que se reta por ser mejores personas cada día. Porque el caos estará siempre, dependerá de cuál sea nuestro actuar cuando lo enfrentemos.

caos

La dualidad: ¿marketing o branding?

By Lina Echeverri | @linaec

El marketing es una disciplina orientada a formular y ejecutar estrategias y acciones que permitan superar las expectativas de los clientes. El branding es una estrategia de marketing. El branding es la gerencia de las marcas. La marca es una estrategia de concertación entre el valor de la marca y la emoción de los clientes teniendo como sustento el impacto positivo a la sociedad. Es una estrategia fundamentada en la construcción de relaciones con clientes importantes.

No existe un orden sobre cuál nace o se ejecuta primero. Ambas están estrechamente relacionadas. Claramente está sujeto al modelo de negocio. Lo más importante es que entre ambas, el marketing como el branding, exista coherencia estratégica. El branding le da sentido al marketing. Y el marketing acompaña al branding fundamentándolo con otras estrategias para enriquecer la experiencia de la marca hacia el cliente, estrategias como comunicación, posicionamiento y distribución. Una empresa o una idea de negocio tiene dos caminos a elegir: a) competir por precio o superioridad funcional; o b) Construir una identidad que le permita hacer visible lo invisible, eso es branding.

Los mercados actuales se caracterizan por una gran diversidad de modelos de negocio, una amplia variedad en la oferta de marketing y una alta complejidad de consumidores cada vez más globales. Más informados y más selectivos en quienes la decisión de compra está influenciada por el poder de la marca, eso le compete al branding. Así que la marca trasciende del rol funcional que cumple el producto hacia un rol emocional. El marketing necesita del branding. El marketing construye la propuesta de valor y el branding aporta la promesa de valor. Una promesa determinada por las ventajas competitivas que aseguren beneficios futuros mediante un incremento de la preferencia y lealtad del cliente.

No hay dualidad. Hay sinergia.

Branding 3.0: cuando las marcas hablan de valores

By Lina Echeverri | @linaec

El Branding 3.0 es el escenario para la creación de marcas reconciliadoras. Las marcas más valientes tomarán partido en materia social. Es el momento de hablar de valores y benevolencia. Es un branding centrado en el ser humano y no en el comprador. El Branding 3.0 se articula a la propuesta de Michael Porter centrada en el valor compartido; cómo las empresas pueden ser rentables generando beneficios sociales. Es un escenario presente y futuro. En el pasado hablábamos de Branding 1.0 enfocado en los atributos de los productos y el Branding 2.0 orientado a los beneficios emocionales que ofrecen las marcas. Aún existen empresas en las primeras etapas del branding. Pero es el momento de mirar el futuro, considerando que ya no le vendemos productos a clientes, sino valores a personas. El branding es la expresión del alma del marketero que desea ser escuchada.

El branding 3.0 puede convertirse en una ventaja competitiva sobre tres premisas: relevancia, engagement (compromiso) y reputación. Se puede iniciar respondiendo estas tres preguntas:

  • ¿Por qué mi marca es Relevante? Esto se responde con la identidad de la marca.
  • ¿Cómo mi marca atrae y compromete al cliente con los bienes o servicios que ofrece mi empresa? Esto se responde con la estrategia de posicionamiento.
  • ¿Cómo mi marca construye reputación? Esto se responde con la imagen de la marca.

Las reglas del branding 3.0 son:

  • Cumplir con la promesa de valor de un bien o un servicio.
  • Superar las expectativas de los clientes.
  • Crear conciencia y reputación en el mercado
  • Enlazar emocionalmente al cliente

Un caso de éxito fue lo que realizó Frito Lay en Ciudad de Guatemala. La capital de Guatemala está divida en distritos o zonas. Existe el distrito 18 el cual es una comunidad de bajos recursos y considerada como una de las zonas de mayor concentración de delincuencia urbana. Si un joven que habita en la zona 18 solicita empleo, la mayoría de las empresas lo rechazan en principio por el lugar de residencia. Frente a esto, Frito Lay, creó la “Embajada Z18” un programa de reclutamiento laboral para personas residentes en la zona 18. Brindando así una oportunidad a los residentes, motivándolos para su crecimiento profesional y generando un beneficio social. Otro caso es la aplicación Back Up Memory creada por Samsung. Una de las compañías más poderosas en el mundo de la tecnología crea una aplicación para los pacientes que sufren de Alzhéimer. Esta aplicación permite almacenar información y fotografías de los momentos o personas más importantes en la vida de estos pacientes. Es una aplicación muy útil para el inicio de la enfermedad pues permite que cuando algún familiar del paciente se acerqué a este, la aplicación le notifica con mensajes e imágenes de quien se trata. Estos dos casos demuestran que las compañías dada su rentabilidad y crecimiento en el mercado son conscientes de un impacto de cohesión social. Esto es Branding 3.0.

Fuente: Echeverri, L. (2016). Entrevista realizada para Seguridad Atlas. Pasos para implementar el branding 3.0 en su empresa. Disponible aquí.

¿Buzz Marketing: un oasis o un infierno?

By Lina Echeverri | @linaec

El buzz marketing o marketing viral no es producto del uso de Internet. Sin embargo, representa una ventaja para las empresas que utilizan el correo electrónico como canal de comunicación. Los objetivos de esta herramienta son: a) cautivar la atención de los grupos de consumidores y medios de comunicación; b) iniciar un intercambio de información personal y directa. Con el apoyo de las TIC’s, el buzz marketing emerge en el social media, en los chats sincrónicos o asincrónicos, en los focus group y en los correos electrónicos.

Igualmente es común encontrar el marketing viral en redes sociales y blogs (Personal Web logs). Estos espacios virtuales han aumentado su popularidad en Internet. A través de ellos se dan a conocer estrategias promocionales que llegan a diferentes usuarios y por medio de ellos se establece una pequeña red a la cual se tiene acceso a listas de correo o a los mismos blogs.

Las personas o los grupos de referencia que ingresan a la red tienen la finalidad además de intercambiar información y realizar compras online, compartir intereses por medio de comunidades en las cuales participan e interactúan libremente. La comunidad se basa en una comunicación de usuario a usuario. Esta comunicación puede ser de uno a uno o de uno a muchos.

Desde esta perspectiva se puede mencionar la ley de metcalf, la cual consiste en que el valor de una red para la comunidad, aumenta con el cuadrado del número de participantes. Una expresión matemática de esta ley consiste en que el valor de una red está relacionada con todas la conexiones entre los miembros de la red, siendo el total N x (N – 1). Por lo tanto, el valor de un nuevo miembro aumenta a una tasa creciente. El valor de la comunidad se incrementa con el número de sus miembros. Se puede inferir entonces el imponente poder que tiene la comunidad, para el acceso a información de la conducta de grupos de consumidores, modos de vivir de usuarios y perfiles de clientes.

En la medida que las TIC’s faciliten la entrega de mensajes electrónicos con contenido de buzz marketing, la cobertura y el impacto al usuario dependerá del diseño y desarrollo de campañas publicitarias. Ahora bien, el abuso del buzz marketing puede también por otra parte deteriorar las relaciones con usuarios que consideren esta herramienta como una forma de dar información incompleta, falsa y sin fundamentación.

Los modernos departamentos de marketing tienen que ser particularmente sensibles a los procesos de las organizaciones y a la madurez de la estructura tecnológica y su integración. El éxito realmente depende de un íntimo conocimiento de la infraestructura y estado del cliente. Una persona, una marca o una empresa está totalmente expuesta al buzz marketing. Su exposición puede ser influenciable más no controlable. Hoy la redes sociales se han convertido en un coliseo romano. Se juzga, se castiga o se valora un suceso que con el tiempo se olvida.

Los comentarios hoy en marketing juegan un rol fundamental. La sobre exposición es sinónimo de visibilidad, y el buzz marketing permite en un corto tiempo lograr atraer la atención para bien o para mal. Un elemento esencial del buzz marketing es la interpretación. Las percepciones y experiencias hablan por sí solas. El contenido se debate entre la verdad y la mentira. Y lo más complejo es que el usuario cree en contenido que aparece en la red como si fuese verdad absoluta.

Es el momento de convertir el buzz marketing en un escenario de comunicación positiva y optimista. La ética en las acciones y mensajes de comunicación son fundamentales en el propósito que hoy persigue un marketing enfocado en los valores. El contenido debe ser valioso y transformador.

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